En primer lugar, el
libro aborda un conjunto de cuestiones que hacen énfasis principalmente en la
globalización y su influencia sobre el riesgo, la tradición, la familia y la
democracia. En efecto, el título como tal alude a cambios constantes y rápidos,
muchas veces descontrolados por los efectos sociales y nacionales.
Por otra parte, me
parece sorprendente, ya que su contenido sigue describiendo nuestra realidad, sigue en plena vigencia y
sigue afectando nuestra vida cotidiana. Tal pareciera que el autor se muestra
tan visionario desde años atrás al
plantearnos las consecuencias que provocamos la mayoría de ciudadanos al
planeta, es decir, el imparable cambio climático que día a día sigue
deteriorándose o el surgimiento de ideas que van en contra de la sociedad y que
por lo tanto se encuentran en constantes choques.
Si bien, la
globalización para Giddens, a pesar de
ser un fenómeno que surge del desarrollo de la ciencia y de la revolución en las
comunicaciones, no ha hecho del mundo un lugar más estable y predecible, como
era de esperar, sino que su enorme, incalculable y rápido impacto sobre la
economía, el medio ambiente, la política, la cultura o la tecnología ha desestabilizado
el mundo que conocíamos. Aspectos tan vitales del panorama mundial y de nuestro
día a día como son el riesgo, la tradición, la familia y la democracia, nunca
volverán a ser lo que eran.
Existen dos posturas
con respecto a la globalización: los escépticos y los radicales. Los escépticos
son aquellos que piensan que la globalización no ha tenido efectos, ni secuelas
en la economía actual mundial y que ésta se sigue rigiendo de una manera
regional o a lo mucho en bloques como la Unión Europea y no completamente
global. La otra postura es la de los radicales que piensan que la globalización
tiene consecuencias palpables y creen que se aproxima el final del Estado
Nación.
El autor piensa que las
dos posturas: radicales como escépticos, son posturas incompletas, porque se
refieren a la globalización en términos económicos, cuando se deben incluir:
cultura, tecnología política y economía. Dentro de la tecnología los medios de
comunicación por satélite, Internet cuya función es una comunicación rápida
cambian formas de vida, así como los valores familiares. Así, las influencias
locales se pueden convertir en influencias mundiales, esta revolución global
influye en nuestros quehaceres diarios desde el trabajo hasta la política de la
nación.
La globalización, entre
otros muchos cambios, está haciendo que tengamos que enfrentarnos a situaciones
de riesgo que nadie ha tenido que afrontar hasta ahora y que nos afectan
independientemente de donde vivamos y de nuestro estatus social. Para Giddens
hay dos tipos de riesgo, el “externo”, producto de la tradición y la
naturaleza; y el “manufacturado”, producido por el hombre y cuyas consecuencias
todavía no somos capaces de anticipar. Este último riesgo es fruto de la
globalización y se refiere a los riesgos medioambientales (como el
calentamiento global), a la proliferación nuclear, al colapso de la economía
mundial o a los cambios en la familia y el matrimonio.
Si bien, hoy en día
existen nuevos riesgos provocados por el hombre. El hombre influye en la
naturaleza, aumenta el riesgo natural, que de cierto modo ya no es tan natural,
puesto que factores inmersos en nuestro contexto son los que han alterado y
cambiado el concepto de natural, como la industria que ha modificado y produce
daños severos a lo que nos rodea. Ante
esto, las medidas para evitar el aumento del riesgo natural son el alarmismo, que
consigue una conciencia rápida de las personas hacia un problema dado y puede
reducir el riesgo.
Por otra parte, la tan
conocida Globalización no sólo ha dejado estragos en el aspecto ecológico, sino
también radica en lo socio-cultural, es decir, las tradiciones de la sociedad
al no ser estáticas y tornarse
flexibles, se adaptan fácilmente a los
rasgos modernos, otorgándole la característica
de una sociedad global que tiende a perder tradiciones.
Es por ello, que un
cambio básico que se está produciendo actualmente bajo el impacto de la
globalización es en lo que respecta a las tradiciones: por un lado, los países
occidentales se están desprendiendo de la influencia de las tradiciones tanto
en la vida pública como en la privada, vaciándose, además, su contenido a
través de su comercialización; por otro, las sociedades del mundo que mantenían
un estilo de vida más tradicional, las están perdiendo. Según Giddens, en el
mundo occidental esta destradicionalización tiene dos caras, por un lado ofrece
la posibilidad de una mayor libertad de acción y autonomía de la que existía
antes, lo cual es enormemente positivo, pero también está trayendo consigo
problemas, pues la forzada toma de decisiones produce en muchos individuos un
aumento de la ansiedad como consecuencia de la falta de control sobre sus
vidas. Cuando la tradición se deteriora también cambia parte de nuestra
identidad personal que tiene que volver a crearse más activamente que antes.
Ante esto, al hablar de
una libertad como sustento positivo cabe poner en ejemplo las familias
tradicionales que menciona el autor en su capítulo IV, pues acertadamente han
ido cambiando al paso del tiempo de
forma positiva, desde una razón económica hasta una razón plenamente
sentimental. Dice que el matrimonio hoy en día está basado en la intimidad. Sin
embargo, cada vez menos gente está interesada en casarse, menos mujeres no
quieren tener hijos, la convivencia familiar sigue existiendo sólo que en un
ambiente más armonioso. Hay un cambio de visión en la educación.
Todos están interesados
en cosas más importantes como realizarse profesionalmente y ser algo que
envidiar en su círculo de amistades. Algunos pueden decir que es lo superficial
lo que prima, otros, sin embargo, podríamos pensar que sencillamente es la democracia
actuando como generador de posibilidades libres de ser elegidas. En
consecuencia, me parece muy interesante ver cómo Giddens concibe a las familias
tradicionales como un obstáculo para el cambio total hacia la democracia. Su
concepción me parece muy acertada. La familia es la base de la sociedad.
Finalmente, el autor
refiere a una idea de democratizar la democracia al final del libro, explica
que es necesario devolver el poder al pueblo y que los de arriba se enteren de
que no son todopoderosos, pero ¿es posible aquello con medios que se limitan a
entretener y reniegan de su capacidad educadora?, ¿es posible hacer consciente a un individuo bombardeado por una
sociedad de consumo? Desde mi punto de vista, lo veo difícil.
Bajo esta visión, los efectos
de la globalización en nuestras vidas son contundentes y van alterando los
fundamentos, modificándolos. La posibilidad de caminos se esparce y se
multiplica. Sólo una educación enraizada
en valores será capaz de sostenernos ante tan desproporcional viaje.
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